Cuando no lo sabes es un trauma: las historias ocultas que llevamos

No tienes que vivir una guerra o un desastre natural para llevar un trauma. A veces, el trauma vive en la vida cotidiana, desapercibido y tácito. Se esconde en la tensión de tus hombros, en la forma en que tu corazón se acelera durante el conflicto, en cómo sobre-funcionas en el trabajo, pero te apagas en casa.

En Healing Relationships Counseling Services (HRCS), conocemos a personas y parejas que han pasado años pensando que eran "demasiado sensibles", "demasiado ansiosos" o "no lo suficientemente buenos". Vienen a terapia pensando que necesitan mejores herramientas de comunicación, sin darse cuenta de que han estado llevando respuestas al trauma durante décadas.

Muchos de nosotros venimos de familias donde el trauma no fue nombrado. No se explicó. No era algo de lo que pudiéramos hablar abiertamente. Especialmente en familias inmigrantes o multiculturales, la supervivencia era lo primero. Seguiste adelante. No pudiste darte el lujo de preguntar: "¿Es esto un trauma?" Sin embargo, el trauma no necesita su permiso para aparecer.

¿Y si no es solo estrés?

Es posible que hayas crecido con altas expectativas, crianza impredecible o en un hogar donde las emociones no eran seguras de expresar. Tal vez tu familia nunca habló sobre su viaje migratorio, solo que "vinimos por una vida mejor". Tal vez tus padres huyeron de la violencia, la pobreza o la persecución, y esos recuerdos ahora viven en tu sistema nervioso, incluso si nunca fueron contados como historias.

El trauma no siempre es un evento único. Puede ser la experiencia crónica de miedo, desconexión o no sentirse seguro para ser completamente uno mismo. Puede provenir del racismo, la pérdida del idioma o ser padre a los siete años porque eras el único que hablaba inglés. Puede provenir de tratar constantemente de demostrar que perteneces a tu matrimonio, tu carrera, tu país. Además, cuando el trauma no se nombra, tendemos a culparnos a nosotros mismos.

Parejas multiculturales y el peso del pasado

En mi trabajo con parejas y familias multiculturales, a menudo observo que esta dinámica se desarrolla en silencio: uno de los miembros de la pareja no entiende por qué el otro evita el conflicto o reacciona de forma exagerada a las críticas. Piensan que están discutiendo sobre tareas domésticas o dinero, pero debajo de eso, hay una historia traumática de pérdida, de desplazamiento, de silencio aprendido.

Tal vez a uno de los miembros de la pareja le dijeron: "No cause problemas", mientras que al otro se le enseñó a hablar, incluso si eso significaba hablar en voz alta. Tal vez uno tenga miedo de no ser aceptado debido a un acento, tono de piel o estado de ciudadanía. Estas heridas se activan en las relaciones íntimas, especialmente cuando nos sentimos vulnerables.

En HRCS, ayudamos a las parejas y familias a notar estos patrones no con culpa, sino con compasión. La terapia informada sobre el trauma no lo patologiza. No te etiqueta como "débil" o "demasiado". Honra lo que hizo tu sistema nervioso para mantenerte a salvo.

No eres débil por nombrar tu dolor.

A muchos de nosotros nos enseñaron que nombrar el trauma nos convierte en víctimas. Discutir lo que nos duele a menudo se percibe como autoindulgente o dramático. Sin embargo, en verdad, la fuerza es estar dispuesto a sentir. Para desaprender. Para sanar. No tienes que esperar a que tu mundo se desmorone para obtener ayuda. Si siempre estás en modo de supervivencia, luchando por conectarte en tu relación o sintiendo que algo no está del todo bien, pero no puedes identificarlo, la terapia puede ayudarte a dar sentido a tu historia.

Te mereces relaciones que se sientan seguras, no solo funcionales. Mereces sentirte visto, no solo tolerado.

En HRCS, caminamos contigo para descubrir las historias invisibles que has estado cargando, para que ya no controlen tu presente.

El dolor que llevas puede no ser tu culpa. Sin embargo, la curación puede ser tu historia para escribir. Dé el primer paso adelante y programe una sesión de terapia hoy. 

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